En
1517, Martín Lutero clavó sus 95 tesis contra las indulgencias en la puerta de
la iglesia de Wittenberg, un acontecimiento que Supuso
el cisma de la Iglesia Romana de Occidente, transformando el mundo de un modo
como pocas veces lo ha hecho otro hombre antes o después de él. En aquel
momento, Lutero tenía 34 años, desempeñaba desde hacía cinco el cargo de
profesor en la facultad de teología de la Universidad de Wittenberg, una profesión
que mantuvo de por vida, y vestía desde hacía doce el hábito de los agustinos
recoletos.
Pero las indulgencias fueron solo la piedra de
toque de Lutero. La iglesia de Roma vivía inmersa en una crisis fundamental de
credibilidad, acusada de falta de espiritualidad, de degradación moral, de
tráfico de prebendas, de mantener a una curia impía y de imponer una
interpretación unívoca de la Biblia, entre otras cosas.
El Papa de los Médici, León X, pronunció sentencia
de herejía contra Lutero en 1520, y el mismo día que entró en vigor la
excomunión, Lutero pronunció sentencia de herejía contra la iglesia pontificia,
que según él había caído en falsedad, y proclamó que el verdadero Anticristo
era precisamente el Papa. Y fue más allá: entregó a las llamas, delante de la
puerta de Elster, en Wittenberg, el Derecho canónico, algunos libros de
penitencia y de enseñanza escolásticos y la bula de amenaza de excomunión de
León X.
El segundo suceso clave en relación a la ruptura
con la iglesia se dio al regreso de Lutero del castillo de Wartburg, donde
después de la Dieta de Worms, lo habían recluido por razones de seguridad.
Lutero
luchó contra las convenciones y las imposiciones eclesiásticas y sociales de su
época, lo que demostró a lo largo de su vida. Así, se casó, en contra de la
corriente dominante, con la monja Catalina de Bora en 1525, con la que tuvo
seis hijos, a dos de los cuales tuvo que enterrar él mismo.
Después
de muchos años de estudio de las Sagradas Escrituras, Lutero decidió traducir
la Biblia al alemán, lo que supuso un punto de inflexión en la divulgación
popular del texto para los laicos y los pobres.
Lutero
murió en su lugar natal de Eisleben, a los 62 años.









